En el cerebro de los niños: “Lo esencial, es invisible a los ojos” lo ven claramente con la imaginación y creatividad.

En el cerebro de los niños: “Lo esencial, es invisible a los ojos” lo ven claramente con la imaginación y creatividad.

Los niños nacen con una creatividad e imaginación como fuente inagotable de aprendizajes.

Los seres humanos somos unas máquinas de aprender, por pasión y por obligación. Pero no, en ése orden, el camino del ser humano pareciese que NO es lineal, sino cíclico, pero algo es indubitable: el único camino que todos conocemos es la evolución y el cambio, constantemente, desde la concepción hasta la muerte, todo es de menos a más, como dicen por ahí, lo único constante es el CAMBIO.

“El Principito”, su enseñanza clave para la vida.

El título de este post evidentemente es un parafraseo traído de la obra del gran escritor francés Antoine de Saint Exupéry, que el año 1943 escribió “El Principito”  que en el capítulo 21, para mí,  es el núcleo de esta obra, en el cual el principito conoce a un zorro, y traban una amistad producto de un ejercicio dialéctico impresionante, en que ambos aprenden uno del otro, de sus experiencias intrínsecas.

“Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.

Ambos: principito y zorro aprendieron una lección para toda la vida.

El principito que había dejado su planeta y darse un viaje de aventuras por el Universo, en la Tierra, y se encuentra con un zorro, y comienzan a conocerse, a dialogar y entrar en confianza. En un momento dado el zorro pide al principito que lo domestique, le explica, que eso significará una sujeción de amistad y lealtad que implicará tristeza a la hora de despedirse.

El zorro da al principito algunas lecciones de la vida y del amor aquí en la Tierra. El principito por su parte le contará sobre su rosa, a la que había dejado en su planeta, a la cual le había prodigado cuidados, atención y que ahora la extraña.

El zorro le indica un paisaje donde se ve un jardín de  muchas rosas, pero el principito se da cuenta que ninguna de esas hermosas rosas podría reemplazar a la suya, aunque todas ellas, la del jardín, sean muy idénticas a la de su planeta, porque aprendió del zorro que había domesticado a su rosa, y que el tiempo que estuvo con su rosa fue lo más importante para él.

El zorro, entonces, se da cuenta de que el principito está listo para oír su secreto, una enseñanza muy importante que lo hará comprender lo que le ha pasado. Le dice el zorro: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.

Es evidente la riqueza, y la fuente inagotable de aprendizajes que nos deja esta obra, no sólo para el amor, la amistad, la lealtad, la vida entera, sino también los principios básicos y elementales del aprendizaje anidado con la imaginación y la creatividad que es el objeto principal de este posteo. En el cerebro de los niños: “Lo esencial, es invisible a los ojos” lo ven claramente con la imaginación y creatividad. A continuación lo explicaré el porqué.

“Cómo aprendemos” de Stanislas Dehaene.

Pero mi inspiración máxime de este escrito es lo que leí y me impresionó en una parte del libro: “Cómo aprendemos” de Stanislas Dehaene (55 años). Él es un investigador, docente y neurocientífico cognitivo francés, profesor del Collége  de France y director de la Unidad INSERM 562 “Neuroimágen cognitiva” desde el año 1989.

En este pasaje del libro cuenta la historia de Felipe, un niño de 7 años que vivió la mitad de su vida en  un hospital atrapado en su cuerpo inerte, pero eso no fue obstáculo para sus aprendizajes.

En el libro “Cómo aprendemos” el autor, Dehaene relata su encuentro con Felipe, un niño de 7 años (en el momento de escribir el libro) que estaba internado “casi la mitad de su vida” en un hospital de rehabilitación llamada Rede Sarah que se encuentra en Rio de Janeiro, Brasil.

Lo trascribiré taxativamente para que puedan dimensionar la importancia, y el cambio diametral que produjo en su autor, y sobre los vericuetos andares del aprendizaje y su dimensión en el ser humano:

“En septiembre del 2008, el encuentro con un niño fuera de lo común me forzó a revisar mis ideas sobre el aprendizaje. Estaba visitando uno de los hospitales de la Rede Sarah de Brasilia, esos centros de salud de arquitectura blanca que desarrolló Joao Filgueiras, inspirado en la estética de Oscar Niemeyer.

Esa red de nueve unidades se especializa en la “rehabilitación” neurológica; desde hace unos diez años mi laboratorio (NeuroSpin, dependiente del Inserm) sostiene proyectos en colaboración con ella.

Su directora, la destacada psicóloga y neurocientífica Lucía Braga, me propuso conocer a uno de los pacientes: Felipe un niño de 7 años que había transcurrido la mitad de su vida en el hospital. Según me explicó Lucía, a los 4 años este niño había recibido una bala perdida (por desgracia no es algo tan infrecuente).

El proyectil le seccionó la médula espinal, de modo que lo dejó casi completamente paralizado en los cuatros miembros, es decir cuadripléjico. La bala también arrasó con las áreas visuales de la corteza: Felipe quedó ciego. Para ayudarlo a respirar, se le hizo una traqueotomía en la base del cuello. Desde hace tres años, vive en un habitación del hospital, encerrado en su cuerpo inerte.

En el pasillo que me lleva a la habitación, me preparo mentalmente para enfrentarme a un niño con una gran discapacidad. Y me encuentro con…Felipe, un pequeño como todos los de 7 años, con el rostro lleno de vida, conversador y de una curiosidad inagotable.

Habla a la perfección con un vocabulario rico, y me pregunta con picardía sobre las palabras de mi lengua materna, el francés. Descubro que es un apasionado de los idiomas y que nunca pierde la ocasión de enriquecer su vocabulario trilingüe (portugués, inglés y español). Si bien es ciego y está inmovilizado en la cama, viaja con su imaginación y se distrae creando sus propios cuentos; el equipo del hospital lo alienta en la tarea. En pocos meses, Felipe aprendió a dictar sus historias a un asistente y luego a escribirlas con ayuda de un teclado conectado a una terminal informática y a una placa de sonido.

Los pediatras y los terapeutas del lenguaje de esa institución, deslumbrados, se turnan junta a la cama de Felipe para transformar esos relatos en verdaderos libros táctiles ilustrados con imágenes en relieve que él palpa con orgullo, con la poca sensibilidad del que dispone. Sus libros hablan de héroes y heroínas, de montañas y de lagos que jamás volverá a ver, pero con los que sueña como cualquier otro niño pequeño.

Stanislas Dehaene sigue relatando: “El encuentro con Felipe me conmocionó y al mismo tiempo me persuadió a optar por una exploración de lo que, sin lugar a dudas, es el mayor talento de nuestro cerebro: la capacidad de aprender. En efecto este niño plantea a la vez una hermosa lección de esperanza y un desafío para la neurociencia. ¿Cómo puede ser que las facultades cognitivas resistan a una alteración tan grande al entorno? ¿Por qué Felipe y yo podemos compartir los mismos pensamientos, aunque tengamos experiencias sensoriales tan diferentes? ¿Cómo logran distintos cerebros humanos converger en los mismos conceptos, sin importar cómo ni cuándo los aprendan?” Hasta aquí haré la transcripción literal de lo escrito por este neurocientífico francés en su libro y aquí les dejo para que ustedes lo lean en su totalidad.

El cerebro, aprendizajes, imaginación y creatividad.

La pasión, la imaginación y la creatividad son los pilares fundamentales del aprendizaje, y no hace falta mucha ciencia para demostrar y argumentar esta verdad, tan sólo con la experiencia de Stanislas Dehaene y su encuentro con Felipe, son muestras indistinguibles del que la motivación, la pasión y la imaginación son mecanismos cognitivos y fuentes inagotables para el aprendizaje.

Es imperiosa la necesidad de poner estos fundamentos en los cimientos de la creación de un nuevo paradigma de la teoría del aprendizaje, acuñados y fortalecidos con los condimentos de los nuevos tiempos convergencia tecnológica y cambios diametrales a nuestra vida.

No me cansaré de repetir que lo primordial en educación es conocer al único sujeto: el ser aprendiente, conocer su entorno, su familia, sus saberes previos. Y lo más importante: su pasión, su motivación, sus sueños infantiles aparentes…ese conjunto de cosas que vemos y oímos a diario en aula, es la verdadera brújula de su destino, su camino y su futura vida.

 No importa la edad que tenga, en la observación en aula, en sus primeros pasos ya nos dará briznas de qué lo mueve a hacer lo que hace, a pensar o decir lo que siente. Esos datos deben ser la materia prima para nuestros curriculum pedagógicos.

La educación, sus falencias y sus consecuencias.

Nos estamos olvidando de educar y preparar a los niños para su encuentro con la vida actual, ni si quiera hablamos de educar para el futuro. Se debe educar para el presente, su presente le dará las bases y herramientas para resolver los problemas del futuro muy próximo.

Es hora de zarandear nuestros viejos paradigmas estructurales de la educación que deviene de más 200 años, sabiendo que los que dominan el mundo y buscan soluciones globales a nuestros avatares diarios ya tienen y usan concepciones actuales y holísticos, de qué lo que necesita el ser humano para resistir a estos tiempos tan difíciles y dasafiantes.

La necesidad de entrenarlos y dotarlos de herramientas actuales, para que puedan solucionar problemas, no sólo de su entorno, sino del mundo, con la tecnología todo está tan cerca, tangible, con un dispositivo conectado a internet puede hacer cambios incomensurables en su vida, y por qué no, cambiar el mundo. Las experiencias de seres que lo lograron son muchísimas.

 La deficiencia de la actual educación es tan visible, fracasos en todos los niveles de la vida del hombre por todo el orbe, los cuales estamos pagando con vidas humanas llevadas por un virus y una pandemia, que en vez de aprender a cómo solucionar el desvarajuste ambiental, social y económico, volvimos casi a las cavernas aprendiendo la importancia de lavarse las manos como método preventivo ante cualquier enfermedad. Esta pandemia es el producto del fracaso de la actual educación.

 A casi 400 días de declaración de Pandemia por la OMS, aún no se sabe el exacto origen de este virus. Pero lo que sí estamos muy seguros, es la falta total de previsibilidad, y la absoluta pérdida de los rumbos de los designios del ser humano y la conciencia del gran aprendizaje tardío actual, que si NO LO capitalizamos COMO APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO a futuro, es muy probable que se nos las repita.

Francisco Javier Samudio Rojas.

Lic. en Psicopedagogía.

Resumen
En el cerebro de los niños: “Lo esencial, es invisible a los ojos” lo ven claramente con la imaginación y creatividad.
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En el cerebro de los niños: “Lo esencial, es invisible a los ojos” lo ven claramente con la imaginación y creatividad.
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La pasión, la imaginación y la creatividad, son fuentes inagotables de aprendizajes que los niños lo traen de fábrica. En la educación lo debemos fortalecer y no coartar, porque es como cortarles las alas para volar al encuentro del éxito en la vida.
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